Mundo ficciónIniciar sesión—Denme diez minutos —dijo Andrés de pronto, mientras su celular vibraba—. Es una llamada de importación, tengo que atenderla. No tardo.
Iván y yo permanecimos de pie frente a las buganvillas, viéndolo alejarse unos metros. Mi corazón golpeaba sin permiso; la invitación había sido tan repentina que me descolocó.
—¿Y bien? —susurró Iván, mirándome con esa cara de sabelotodo—. ¿Dirás que no?
—No sé —contesté con toda honestidad.
Si bien Andrés ya no me intimidaba tanto como al principio, e incluso podía mantener largas conversaciones con él, había algo indefinible: mi piel se erizaba con solo imaginarme a solas en su presencia, como si un sensor de peligro se activara en automático.
—Feli… tú eres soltera. No tienes compromiso con nadie.







