Mundo de ficçãoIniciar sessão—Denme diez minutos —dijo Andrés de pronto, mientras su celular vibraba—. Es una llamada de importación, tengo que atenderla. No tardo.
Iván y yo permanecimos de pie frente a las buganvillas, viéndolo alejarse unos metros. Mi corazón golpeaba sin permiso; la invitación había sido tan repentina que me descolocó.
—¿Y bien? —susurró Iván, mirándome con esa cara de sabel







