Scarlett Valenti.
Mis dedos se cerraron sobre la muñeca de Melissa con una fuerza que jamás creí capaz de poseer. En ese instante, no había rastro de la Scarlett tímida, de la chica que agachaba la cabeza ante las humillaciones. Toda la rabia acumulada por los días de persecución, el miedo a perder a mi familia y la asquerosa campaña mediática que esta mujer había orquestado se concentraron en mis manos.
Melissa estaba completamente histérica, con los ojos desorbitados y la boca desencajada, gr