Melissa Wolfvers.
Amo cuando el mundo se dobla ante mis exigencias.
No hay absolutamente nada más placentero en esta vida que ver cómo las piezas de ajedrez se mueven exactamente de la forma en que lo planeé en mi cabeza, respondiendo a mi intelecto superior. Durante meses tuve que soportar la humillación pública, el rechazo de la patética alta sociedad neoyorquina y los desplantes de Andruw Di'Marco, ese hombre frío e insufrible que osó creer que podía desecharme como si fuera una cualquiera.