La desesperación te puede llevar a cometer locuras.— Por favor. Se lo ruego. Puedo trabajar de lo que sea, solo deme una oportunidad, por favor ¿sí? — supliqué, siguiendo los pasos de la mujer de unos 40 años que me miraba de manera despectiva. Estaba desesperada, necesitaba encontrar trabajo de inmediato o mi padre me obligaría a volver al campo y me vendería al mejor postor. Ya podía verme casada con un anciano de 70 años sin dientes, mientras este entregaba un par de gallinas y una vaca a mi madrastra. Sacudí la cabeza, intentando librarme de esa idea. ¡No podía permitir que me cambiaran por gallinas!Escuché el suspiro pesado de la mujer, quien se froto el entrecejo mientras se quitaba los anteojos. La mire con mi mejor expresión lastimera.— Bien — tomo la carpeta que le había entregado cuando llegue, comenzando a chequear mi hoja de vida — no tenemos plazas para residentes, ni asistentes médicos y mucho menos enfermeras.Sentí que todas mis posibilidades acaban de esfumarse. L
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