Scarlett Valenti.
Después de que las pesadas puertas del del ascensor se cerraron en seco, fue como si el tiempo se hubiese suspendido por completo dentro de ese pequeño cubículo móvil. El chillido histérico y desquiciado de Melissa se extinguió de golpe, reemplazado por un zumbido sordo y un silencio tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo.
Ninguno de los tres dijo absolutamente nada. El aire allí dentro se sentía sobrecargado, saturado de una energía sumamente peligrosa. Lucius y A