Luna Navarro se encontraba en el balcón principal cuando recibió la llamada.
—Señorita Luna, tenemos un problema —dijo su abogado con voz tensa—. Gonzalo Montalbán ha presentado una nueva demanda. Esta vez alega que la Fundación es ilegal porque no tiene herederos directos de la sangre Montalbán. Está pidiendo la disolución de la Fundación y la subasta de la hacienda.
Luna apretó el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.
—Que lo intente —respondió con una calma pelig