Sofía Montalbán de la Torre, con setenta y nueve años, caminó lentamente por última vez hasta el gran olivo. Sus pasos eran cortos y cuidadosos, apoyada en su bastón de madera tallada. Llevaba puesto el viejo vestido negro de Magdalena, que ahora le quedaba grande sobre su cuerpo frágil.
Se detuvo frente al árbol y lo miró en silencio durante un largo rato. A su alrededor, nueve placas de piedra blanca formaban un círculo perfecto. Nueve reinas. Nueve vidas dedicadas al mismo legado.
El viento,