Cien años habían pasado desde la muerte de Sofía Montalbán, la última reina.
La Hacienda Los Olivos ya no pertenecía a ninguna familia. Ahora era un patrimonio de la humanidad, administrado por una fundación internacional. El olivo centenario seguía siendo el corazón del lugar, protegido por una elegante estructura de cristal y madera que permitía que miles de visitantes pudieran acercarse sin dañarlo.
Una joven historiadora llamada Lucía Rivera llegó una mañana de otoño. Tenía veintiocho años