Doscientos años después.
La Hacienda Los Olivos ya no era solo un lugar en el mapa. Era un santuario vivo, un testimonio de que las historias pueden trascender el tiempo.
El olivo joven se había convertido en un gigante majestuoso, con un tronco ancho y ramas que parecían abrazar el cielo. A su lado, tres placas de piedra blanca recordaban a las reinas que lo habían cuidado:
Magdalena Montalbán
Luna Navarro
Valeria Navarro
Isabel Montalbán
Clara Elena Montalbán, de cuarenta y ocho años, era la