Ciento noventa años después.
La Hacienda Los Olivos ya era un lugar sagrado para miles de personas en todo el mundo. Cada año, peregrinas llegaban de todos los rincones para sentarse bajo el gran olivo centenario y dejar cartas, flores y lágrimas. El Rincón del Susurro nunca cerraba. Era un espacio vivo donde cualquier mujer podía hablar sin miedo.
Isabel Montalbán de la Torre, de cincuenta y ocho años, era la actual Custodia. Cuarta en la línea de mujeres que habían llevado el legado desde Lun