54. Mis dos fuertes y enormes alfas
54 Adara
Toqué la puerta algo nerviosa, me limpié las palmas sudadas de mi leggins y poco después Cleo abrió la puerta con una sonrisa, sentía un apretón en mi estómago cada vez que la veía, querría decir que es el bebé, pero no es cierto. Es ella la que me provoca un sentimiento extraño.
—Hola —saludé.
—Buenos días, Luna —me saluda de manera más formal.
Luna… es cierto, para ellos soy su Luna.
¿Me siento como una Luna?
Mejor no voy por ese camino a menos que quiera deprimirme, así que le rega