39. Sin interrupciones
39 Santa
Mi hija y el alfa pasaron a mi sala mientras cerraba la puerta con temor, quería con todas mis fuerzas que Adara no fuera la loba de la profecía, pero sabía en lo más profundo de mi corazón que eso no era posible que se me cumpliera.
—Todavía falta alguien —les dije mientras llegaba hasta donde estaban ellos.
—¿Quién falta? —pregunta mi hija hundiendo el ceño.
—Tu otro compañero, hija —le dije lo más calmada que pude estar con esta situación.
—Yo… —miró al suelo avergonzada por ese