Escuché la campanilla sonar, indicándoles a los estudiantes que la hora del almuerzo había llegado. Choqué con un par de cuerpos sudorosos, recibiendo una mala mirada de su parte. Claro, que era yo quien iba contra la marea de adolescentes hormonales, así que técnicamente si era mi culpa.
Me encontraba en la academia en busca de Aria Matthews. Tras un aparatoso y desagradable fin de semana, el lunes llegó, por lo que los niños debían ir a sus clases. Justin, en cambio, se mantenía confinado en