La enfermera a cargo del cuidado de Santiago informó a Cristian con preocupación:
—Si gusta, puede irse. Él no se despertará hoy —dijo con un tono suave pero cargado de seriedad, mientras ajustaba con delicadeza las almohadas que sostenían la cabeza de Santiago.
Cristian asintió, sintiendo una preocupación palpable por el estado de su amigo.
Observó cómo Santiago yacía en la cama, su rostro tranquilo pero pálido, conectado a varios monitores que parpadeaban con cada latido de su corazón. El aro