Santiago, con un gesto de desdén, pronunció:
—Otra vez esta m*****a comida de hospital, realmente odio estar aquí —arrugando la frente al contemplar el desalentador plato frente a él, carente de cualquier atisbo de apetito.
—¿Cómo estás hoy, Santiago? Hoy te darán de alta —dijo Isabel con una sonrisa forzada, tratando de infundir ánimo en la situación.
—Sí, amor. Hoy regresamos a Estados Unidos —respondió él, tratando de sonar más convencido de lo que realmente está.
—Sí, amor... Oye, me da muc