Capítulo 32: Desaparecer.
Santiago se encontraba sumido en un mar de pensamientos confusos mientras la puerta de su oficina volvía a recibir un golpe. La secretaria anunció la presencia de un joven llamado Marcos.
—Hazlo pasar —ordenó Santiago, sintiendo un intenso dolor de cabeza que parecía empeorar con cada momento que pasaba.
El joven ingresó con cautela y saludó a Santiago, quien le devolvió el saludo con una expresión sombría.
—Hola, Santiago —dijo Marcos, buscando una señal de bienvenida.
—Hola, Marcos. Por favor,