capítulo 24: Desayuno.
El suave sonido del despertador sacó a Elizabeth de su profundo sueño, arrancándola de la paz de la noche.
Abrió los ojos lentamente, sintiéndose un poco adolorida.
Con cuidado, retiró su brazo de debajo de la cabeza de Santiago, el hombre que yacía a su lado en la cama. Observó con admiración su escultural figura, parecida a la de un dios griego, con sus marcados abdominales que destacaban como tabletas de chocolate.
Inclinándose suavemente, acarició con sus labios los de Santiago y le dio un