Beso sus labios con ansiedad, mientras ella percibe la tensión palpable en su cuerpo, como si estuviera conteniendo un torrente de emociones. La suavidad de sus labios contrasta con la urgencia que él siente en su interior.
—¿Por qué te detienes? —pregunta Elizabeth, con un tono entre ansioso y curioso.
—¿Estás segura de que quieres continuar? —responde Santiago, su voz cargada de deseo y preocupación.
—¿Dolerá? Bueno, no importa si quiero ser tuya —cuestiona Elizabeth, sus ojos buscando los de