—¡Elizabeth , despierta! —le dice Santiago, tocándole el hombro. Ella abre los ojos lentamente, sorprendida por su repentina interrupción.
—¿Me dejaste dormir? ¿Por qué? Tengo tantos pendientes por hacer —pregunta confundida, tratando de comprender la situación.
—¿Acaso no dormiste bien anoche, Elizabeth ? —inquiere Santiago, buscando alguna señal de insomnio en su mirada.
—Me quedé pensando, por eso no pude conciliar el sueño. Mi mente daba vueltas y no lograba encontrar la tranquilidad necesar