Capítulo 20: buenos y malos ratos.
Tras las palabras de Santiago, Elizabeth se conmovió y él se acercó a ella depositando un beso en los labios un sus labios.
El beso en sus labios era suave y dulce, sus brazos se entrelazaron con ternura. Ella le correspondió con la misma intensidad, sintiendo mariposas revoloteando en su estómago.
No podían evitar mirarse a los ojos, perdidos en ellos, y sus sonrisas eran reflejo del profundo amor que sentían el uno por el otro.
—¿Qué estás haciendo conmigo, mi dulce Ely? —preguntó Santiago