La noche había caído sobre la casa de campo con una calma casi mágica.
El cielo, despejado y profundo, se extendía como un manto azul oscuro cubierto de diamantes diminutos.
Desde el jardín, se escuchaba el croar de las ranas junto al lago y el crujir de las ramas movidas por el viento.
Rocío, envuelta en una manta ligera, salió a la terraza con una copa de vino en la mano.
La cena había terminado hacía un rato, y sus padres se habían retirad