La noche cayó suave sobre la costa.
El murmullo del mar se mezclaba con la música tenue que salía del pequeño restaurante donde Rocío y Edrián compartían una mesa frente a las olas. No habían dicho mucho desde que él llegó, pero la presencia del otro bastaba. Era como si el mundo, por un instante, se hubiera detenido para ellos.
Rocío sostenía la copa de vino con los dedos temblorosos.
—No deberías estar aquí, Edrián.
—Lo sé —respondió é