17. PELIGRO EN LAS SOMBRAS
LORIEN
“No, no, no, ¡no podía perder a mi gallo de la suerte!”
Espabilé de golpe, cerciorándome de que Soren estaba bien y dormía en su camita.
Me envolví en la manta, asomándome a la ventana que daba a las montañas. El amanecer casi se cernía sobre nosotros y algunos gallos se escuchaban a lo lejos.
Oí algo arrastrarse en la sala y salí corriendo descalza, el corazón latiéndome de prisa, pensando en que debí vigilarlo mejor.
La próxima vez sería yo quien lo abrazara como pulpo en la cama.
Pero