16. SE MARCHÓ MI GALLO DORADO
LORIEN
Mi expresión debería ser un poema, incluso juraría que vi el destello de burla en el fondo de sus ojos.
Sin dar mayor explicación, se quitó de golpe las viejas botas, pateando el pantalón y girándose luego para entrar en la tina.
Su grueso miembro fue sustituido por las duras nalgas, así, inclinadas en mi cara, sin pudor ninguno.
Bajé la cabeza, estirando mi falda para disimular mi vergüenza, preguntándome qué rayos seguía haciendo aquí.
Cuando di un paso para marcharme, volvió a retener