11. UN GALLO CON LOS HUEVOS DE ORO
EL PRÍNCIPE LYCAN
Apreté los dientes, aguantando el dolor lacerante del collar. Al poseer intenciones asesinas contra mi dueña, me estaba suprimiendo sin piedad.
Las gotas de sudor corrían por mi sien, pero las garras de mis manos iban acercándose implacables a ella, hasta que me detuve en el aire, dudando.
Se alejó y cerró la puerta a su espalda, sin enterarse de lo cerca que estuvo de morir.
Volví a arrojarme sobre la cama, tragándome el gruñido de dolor. Parecía que me habían desollad