La pared aún vibraba con el eco de sus respiraciones entrecortadas cuando un ruido lejano los hizo separarse de golpe. Luca se enderezó, con el rifle en mano, mientras Eva trataba de recomponer su ropa y su pulso. El deseo todavía ardía en sus venas, pero el mundo exterior no les daba tregua.
Un motor ronco, más cercano que antes. Luego, el chillido metálico de puertas abriéndose y cerrándose.
—Ya nos encontraron —murmuró Luca, con los dientes apretados.
Eva corrió hacia la otra habitación, don