El primer disparo había sido como un relámpago en un cielo sin nubes. Lo que siguió fue tormenta pura.
El cañón se llenó de humo y gritos. Las balas rebotaban contra las rocas, lanzando fragmentos que cortaban la piel como cuchillas. Los hombres de la milicia corrían en todas direcciones, algunos buscando cobertura, otros disparando a ciegas hacia las alturas.
Eva arrastró a Marina detrás de un muro de piedra derrumbada. La carpeta seguía contra su pecho, empapada de sudor. Podía sentir su peso