CAPITULO 23

La nota anónima permanecía sobre la mesa como una amenaza muda. Eva la había leído tantas veces que podía recitar cada palabra de memoria. No sabía si provenía de un aliado oculto o de alguien que solo quería asustarlos, pero una cosa era cierta: estaban marcados.

Santiago se limitó a fruncir el ceño cuando se la mostraron.

—No es sorpresa. Si ustedes saben de V-17, él sabe de ustedes. Así funciona.

—¿Y qué propones? —preguntó Luca, con voz áspera.

—Seguir adelante. Si retroceden ahora, estarán muertos en dos días.

Eva observó cómo los dos hombres se enfrentaban con la mirada, dos voluntades de acero chocando sin ceder un milímetro. Briggs intervino antes de que la tensión explotara.

—Tenemos una ventaja. Ellos creen que nos asustarán, pero no esperan que ataquemos primero.

La idea quedó flotando. Atacar. Buscar a Marina, la hermana de V-17, no como un favor, sino como una jugada calculada para llegar hasta él.

Esa tarde, regresaron a El Rastro. El club estaba aún más lleno que la noc
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