La nota anónima permanecía sobre la mesa como una amenaza muda. Eva la había leído tantas veces que podía recitar cada palabra de memoria. No sabía si provenía de un aliado oculto o de alguien que solo quería asustarlos, pero una cosa era cierta: estaban marcados.
Santiago se limitó a fruncir el ceño cuando se la mostraron.
—No es sorpresa. Si ustedes saben de V-17, él sabe de ustedes. Así funciona.
—¿Y qué propones? —preguntó Luca, con voz áspera.
—Seguir adelante. Si retroceden ahora, estarán