La mañana siguiente a su regreso de Houston, Eva aún sentía la tensión en su cuerpo. No había podido dormir bien, recordando el auto oscuro que los había seguido, las luces rojas en el retrovisor, la sensación de que el peligro respiraba en su nuca. Aun así, no estaba dispuesta a detenerse. Si algo había aprendido en su carrera como periodista era que la verdad siempre exigía sacrificios.
Luca, en cambio, parecía más sereno, aunque sus movimientos delataban un estado de alerta constante. Revisa