Sus muslos temblaban, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente. ¿Desafiarlo? Él acababa de retarla, pero ella era más inteligente, ¿no? Lo suficientemente inteligente como para saber que incluso sus desafíos no eran exactamente un reto, eran órdenes.
“¿Cuál será, bambina?” él susurró con voz ronca, sus yemas aún rozaban sus pezones endurecidos bajo la lencería.
Pero sus ojos se desviaron hacia un lado, hacia donde aquel hombre había estado antes, golpeado y magullado. Tragó superficialmente,