Capítulo 58 — La carta escrita con lo que nunca se rompió
(Punto de vista: Adrián)
Nunca pensó que una pluma podía doler.
Cuando abrió el cajón donde siempre la guardaba, no la encontró. Buscó en valijas, carpetas, estuches olvidados y cajas de archivo. Revisó tres veces el escritorio. Nada. Y entonces lo supo.
Valeria.
Su madre no tardó en confirmarlo: la habían visto entrar al apartamento de soltero. Salió con otra cartera, distinta a la que llevaba, y fue directo a la casa de empeños Coral.