.
CAPÍTULO — Colores para lo que Está por Llegar
Las abuelas estaban felices.
No era una felicidad tranquila ni silenciosa. Era esa alegría que se manifiesta en movimiento constante, en listas escritas y reescritas, en llamados que se cortan a la mitad porque alguien se olvidó de avisar algo importante, en risas nerviosas y en pequeñas discusiones domésticas que siempre terminaban igual: con un abrazo, una palmada en la espalda y un
—Dejá, ya lo hago yo.
Isabel y Fabián habían tomado su cas