CAPÍTULO — Los Días donde el Amor Aprende a Respirar
Milagros estaba sentada en el sillón, con las piernas apenas elevadas y una mano apoyada en el vientre, como si ese gesto ya fuera natural, instintivo. Afuera, Montevideo seguía con su ritmo habitual, pero dentro del apartamento el tiempo parecía haberse vuelto más lento, más amable.
Faltaban pocos días para la boda.
Y, por primera vez en mucho tiempo, no había urgencia.
Ayden no estaba. Había salido temprano con Benjamín a probarse el traje.