El regreso fue distinto desde el primer segundo.
Muy distinto.
No hubo despedidas apresuradas ni promesas dichas al aire como la primera vez; esta vez hubo abrazos largos, silencios que no dolían y miradas cargadas de una calma nueva, como si por fin todos aceptaran que algunas despedidas no significan ruptura sino continuidad, como si la vida también supiera cuándo hay que soltar sin romper, cuándo dejar ir sin perder.
Elián los abrazó con fuerza, con ese tipo de abrazo que no viene desde los