Capítulo — El Golpe que No Esperaba
El rugido del motor se mezclaba con el viento salado de la rambla.
Ayden conducía con los nudillos blancos sobre el volante y la rabia en el pecho.
El reflejo del sol en el parabrisas no le permitía ver con claridad, pero tampoco quería ver.
Las palabras de su madre lo perseguían como fantasmas:
> “Te amamos tanto que te dimos todo, menos lo que más necesitabas: límites.”
Golpeó el volante, exasperado.
—¡Basta! —gritó al aire—. ¡No soy un maldito