Capítulo — Lo que criamos sin querer
El portazo resonó por toda la casa Castell como un trueno.
El eco se perdió en el pasillo largo, entre las fotos familiares y los cuadros antiguos.
Ayden caminaba rápido, con el ceño fruncido, las manos hundidas en los bolsillos del pantalón, y la rabia marcándole la mandíbula.
—¡Siempre lo mismo! —murmuró entre dientes—. ¡Siempre tengo que ser el problema!
Sofía salió detrás de él, todavía con los ojos húmedos por la tensión del almuerzo.
—¡Ayden