Capítulo —Reflexiones de una madre
La casa dormía.
El reloj del pasillo marcaba casi la medianoche y solo se escuchaba el tic-tac suave que se mezclaba con el rumor del mar a lo lejos, ese sonido manso y constante que parecía arrullar las paredes. Afuera, el viento apenas movía las cortinas del living y una luna redonda se colaba entre los vidrios.
Habían pasado varios años desde aquel cumpleaños de Ayden.
El tiempo había traído calma, pero también nuevas inquietudes. Sofía, parada en el mar