Capítulo — La casa de los abuelos
El portón de la mansión Castell se abrió despacio, como si también quisiera guardar silencio ante el regreso. La tarde tibia envolvía el jardín y el césped olía a recién cortado. Adrián estacionó sin apuro, con ese cuidado nuevo que nació el domingo, cuando entendió que ahora cada movimiento tenía otro peso.
Se miraron un instante antes de bajar.
Sofía estaba más serena. No eufórica. No temerosa. Serena.
Adrián le sostuvo la mano un segundo más de lo habitua