Capítulo — En brazos de mamá
El reloj del hospital marcaba las ocho de la mañana. La noche había pasado lenta, entre controles médicos y visitas silenciosas a neonatales, donde Adrián no se cansaba de pegar la frente al vidrio para mirar a su hijo. Cada vez que lo veía mover las manitos diminutas o fruncir la nariz, sentía que se le partía el alma de orgullo. Las enfermeras nos llenaban de fotos el celular a pedido de su papá.
Pero esa mañana, cuando la enfermera entró a la habitación con una