Capítulo — La Verdad de un Padre
La tormenta seguía golpeando con furia los ventanales del hotel colonial. Julia estaba sentada en la cama, abrazando su peluche, con la mirada fija en el piso. Sus labios temblaban como si quisiera hablar, pero se contuviera. Guillermo la observaba, con el corazón latiéndole en la garganta. Sabía que debía dar el paso.
De pronto, la niña levantó la vista, y con un hilo de voz dijo lo que venía guardando en el pecho:
—Mamá me dijo que era mentira… Que vos ya