Beatriz dejó la impresión sobre el escritorio a las ocho de la noche sin decir una palabra.
Ese era siempre el peor signo.
Adriano no preguntó qué era. Ya lo sabía por la forma en que ella evitó mirarlo de frente.
Tomó la hoja.
El artículo del Vancouver Sun estaba traducido al español en cuatro páginas, subrayado a mano en los márgenes. El titular, impreso con una limpieza casi ofensiva, le devolvió la mirada desde arriba:
La exesposa de Adriano Salcedo: exiliada, no condenada
Adriano leyó sin