Emilia Salcedo llegó el jueves a las once de la mañana.
No al apartamento del East Side. Al hotel Fairmont del centro, donde Adriano seguía alojado. Llegó con una maleta pequeña que ella misma llevaba, sin asistente, sin el aparato completo que los Salcedo desplegaban cuando querían recordarle a alguien dónde estaban parados.
Eso también era una táctica. Renata lo supo cuando Adriano se lo contó por teléfono a las doce.
—Quiere verte sola —dijo—. Esta tarde.
—¿Dónde?
—Donde tú digas.
Renata mir