La voz de Camila se había quebrado en aquel incendio; desde entonces, su tono era áspero y rudo, casi desagradable.
Pero ahora, sonaba mucho más cristalina.
Parecía que, durante esos años en el extranjero, Diego había invertido una fortuna y mucho esfuerzo en la garganta de Camila; la había curado casi por completo.
—Diego, ¿crees que este color me queda bien o prefieres este modelo? —decía ella con dulzura—. Ay, es que me gustan todos, ¿qué hago? Ayúdame a elegir, Diego.
Era una coquetería ju