Capítulo 26
En la joyería.

La empleada tomó la cuenta que Natalia le tendía, la examinó con cuidado y luego sacudió la cabeza:

—Lo siento mucho, no podemos repararla aquí.

Natalia dio las gracias en voz baja, salió de la tienda y se dirigió a otra. Joyerías de oro, de diamantes, de jade recorrió una tras otra.

Finalmente, en un pequeño local, un viejo maestro artesano la miró a través de sus lentes:

—Puedo intentar pegarla, pero no garantizo que quede bien.

—Está bien —respondió ella—. Solo le pido que hag
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