Ricardo no tardó mucho en recomponerse.
Sabía perfectamente que Natalia no daba puntada sin hilo.
Su sobrina era mucho más astuta y capaz que su inútil hermano.
Lástima que sea mujer y que esté atada a ese compromiso matrimonial.
No podrá causar grandes problemas.
Tras aclarar su garganta, Ricardo recurrió al viejo manual de excusas:
—Natalia, eres una mujer; ¿qué sabes tú de manejar empresas? Además, ese mundo está lleno de cenas de negocios y alcohol. No tienes necesidad de pasar por esos sa