De enemiga a madrastra.
Judith seguía protestando por las cosas que le había dicho Dylan y Maya apretaba los labios para no reír, ya que ciertamente a pesar del enfado que ella ve que Judith siente con Dylan muy en el fondo lo ama.
«Tal vez debo ayudar a Dylan, él ha venido varias veces a pedir perdón, quizás sus sentimientos son reales, además podría conocer mejor a su amigo; ese hombre me parece bonito, aunque su carácter no lo es», cavilaba Maya sumergida en su propia nebulosa y Judith seguía hablando, pero ella no