Un precioso milagro.

Fue entonces cuando ocurrió el milagro, el llanto de la bebé pareció despertar a Dylan, sus ojos se abrieron lentamente, y cuando vio a la pequeña sobre su pecho, una sonrisa se dibujó en su rostro, pues una conexión única le hizo tener la certeza de que esa bebé es suya.

—Jazzlyn de papá, mi princesa—, murmuró, —¿Estás bien cosita preciosa?

Quería doblarse para besarla, pero su cuerpo no le respondía y cuando Judith acercó a la bebé hacia Dylan, una de sus lágrimas cayó sobre el rostro de él.
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