Epílogo. 4 años de pura felicidad.
Era un día soleado y tranquilo cuando Judith tomó de la mano a su pequeña Jazzlyn y juntas emprendieron el camino hacia el lugar sagrado donde yacía enterrada Cintia.
A medida que se acercaban al cementerio, el corazón de Judith comenzó a latir más rápido. Aunque no conocía muy bien a Cintia en vida, sentía una gran gratitud hacia ella por el sacrificio que había hecho y sabía que no había forma de agradecerle, pero al menos podía honrar su memoria llevándole flores en ocasiones especiales.
Cua