Caricias de despedida.
Después de un largo día de trabajo, Maya llegó a casa y vio a Samy sentado en la sala de estar junto a su amiga. Ella no pudo contener la emoción de verlo después de tanto tiempo y corrió hacia él, lanzándose a sus brazos y gritando con euforia:
—¡Hermano, al fin regresaste!
Samy, sorprendido, dejó escapar un pequeño quejido cuando Maya lo abrazó por el cuello. Ella se detuvo y lo miró a la cara, notando su ojo morado y su cuello enrojecido.
—¿Tuviste una pelea intensa? — preguntó Maya, con un