Lilian avanzó rápidamente por la puerta de cristal del edificio de la empresa. Su respiración era agitada, el corazón le latía con un ritmo desordenado por lo que acababa de escuchar en el vestíbulo. Sentía que todo su mundo se tambaleaba, pero sabía que no podía permitir que nadie viera esa expresión en su rostro.
Enderezó los hombros, ocultando la conmoción tras una fachada profesional. Algunos empleados que la saludaron al pasar solo recibieron de ella un leve asentimiento. Su mirada estaba